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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Back to the Fac

Hacía mucho tiempo que no iba a la facultad, y hoy, cuando he respirado el olor a pino y a gato del edificio de Filología, me he sentido como en casa.
No había reparado, por ejemplo, en el cambio de fauna que hay en la zona de Ciudad Universitaria. Me explico: en Gran Vía puedes encontrar chicos guapos de tanto en tanto, pero no hay ni punto de comparación con los millones y millones de tíos buenos que hay por la zona de mi facultad. No sé si ocurrirá igual en otras universidades. ¿Será que el estudio embellece? ¿O será la hermosura exótica de los estudiantes Erasmus? No sé, no sé...

¡Y la comida de la cafetería! Esos espaguetis que parecen de corchopan, esas chuletas de carne indefinida... Salmón a la plancha con sorpresa (sorpresa=25 espinas por centímetro cuadrado), postre de chocolate de ese rarillo, que ni parece mousse ni parecen natillas, pero que está rico de todas maneras. Pero, fíjate tú, me he encontrado con una novedad: ahora, en vez de los panecillos normales de toda la vida, ¡¡han puesto unas mini chapatas!!

El glamour llega a la facultad.

Además, me he encontrado algo que me ha hecho sonreír (aparte de los grafittis de "me encantas" escritos en el suelo). He ido al despacho de una profesora, y me he encontrado un humilde post-it pegado en el cristal esmerilado. En él decía: "Merche y yo nos hemos ido a tomar un cafelito. Estamos en la cafetería para lo que queráis". Que monas son, las jodías.

Ay, universidad, thou art my goddess.