viernes, 21 de diciembre de 2007

How you dare?!

¿Cómo os atrevéis? ¿Cómo osáis? ¿Cómo se os ocurre llevarme de farra hasta las dos y media de la mañana sabiendo que hoy madrugaba? ¿Cómo podéis dormir por las noches? ¿Cómo sois capaces de respirar en medio de la culpa que os debería corroer las entrañas?
Que sepáis que estoy hecha mierda. En serio. Me duele la mandíbula de bostezar, y tengo la piel fatal por la falta de sueño (sí, aunque no lo parezca, me fijo en esas cosas), por no hablar de la voz cazallera que tengo, y el pitido constante en los oídos.
Así no se puede currar, en serio. Y menos mal que sólo me tomé una Heineken, porque si encima me llego a pillar la que se pillaron otros (no quiero mirar a nadie cof-cof-rocío-cof) vengo a gatas a la oficina. O no vengo.
Madre mía, en serio, ¿qué clase de amigos sois? Pero esto no ha terminado: ¡me vengaré! A partir de ahora, os haré vivir una vida de pánico y temor. ¡¡¡Buahahahahahaha!!!

¡¡He dicho!!

jueves, 20 de diciembre de 2007

Drama in de bas

Señores, acudo a mi diligente blog para transmitir el relato de un suceso trágico.
Ayer, 19 de diciembre del año del Señor 2007, tuvo lugar un accidente dramático en la parada del autobús de Plaza Cánovas del Castillo. Una servidora fue mudo testigo del horror.
Estaba yo en el autobús, tambaleándome porque el conductor parecía estar al borde del paroxismo por consumo de anfetaminas, y nos llevaba a todos a una velocidad de Dragon Khan. Un bebé lloraba, babeándose el puñito, y su hermano mayor, de no más de 5 años de edad, nos torturaba con la canción de entrada de la serie Pokemon (no sé qué edición, mi frikismo abarca muchos campos, pero ese en concreto no), alternado el cántico con expresiones muy pueriles, del estilo de "Quiero la PSP para Reyes, mamá. Mamá, ¿los Reyes existen? Porque-porque-porque (¿no habéis notado que el 70% de los niños tienen una etapa de tartamudez realmente crispante?) Ricardo me ha dicho que son los padres..." La madre, con la coleta deshecha y cara de necesitar un poco de "mamma's little helper" (AKA: Valium o Amiplím, como dice Sambucívox), intentaba alimentarle con un sándwich de chopped y mucha margarina Tulipán, que todos sabemos que ayuda a crecer a lo largo y a lo ancho.
Yo, hipnotizada por este ejemplo de conducta humana, me compadecía y cabreaba a partes iguales. Así mismo, en la otra punta del vehículo un indivíduo francamente vulgar, con barbita de 50 días, pelo engominado para atrás y greñitas, se rascaba sus partes sin ningún asomo de decoro, así, casual-like. Al mismo tiempo, le decía algunas lindezas a una señora que se encontraba a mi derecha, seguramente su madre (que estaba con un pie en la tumba por los meneos repletos de adrenalina del autobusero). Ejemplo: "Al final, por tu puta culpa, llegamos tarde. Si es que siempre me haces lo mismo, joder. Todo por la puta diálisis..." Y la pobre, aguantando. Impresionante, por decir algo, lo de este muchacho (que, aparte de todo lo dicho anteriormente, era uno de estos puretas que han vivido la época de las hombreras y los pantalones nevados y ahora van de chonis, con su gorrilla, sus oros y su chandalism).
Todavía no había terminado el terror en el bus: repentinamente, un grito agudo hizo eco en mi delicado oído. Fue algo así como "¡¡¡AaAaAaAaAaAa!!! ¡¡¡¿¿Ves??!!! ¡¡¡¡¿¿¿Ves???!!!! ¡¡¡¡¡VEEEEES!!!!! ¡¡Si ya te lo decía yo!! ¡¡YA TE LO DECÍA YOOOOOO!!" El conductor se detuvo, silenciándola y conteniendo mi sed de sangre.
Y entonces, lectores míos, entonces ocurrió la tragedia. Un caballero muy tranquilo y muy feliz consigo mismo, con el mundo y con la vida en general salió del autobús y se dirigió al hueco que hay entre las dos pantallas de cristal de las marquesinas de Plaza Cánovas del Castillo. Sólo que no era el hueco.
Las labores de limpieza urbana habían sido tan exhaustivas que el pobre hombre se lanzó hacia el cristal, chocando de lleno, con un impacto frente-nariz-barbilla-torso que le impulsó hacia atrás. Aterrizó sobre la maníaca que me había gritado a la oreja (que en ese momento estaba a metro y medio de distancia de él).
El hombre huyó, en medio de una marejada de gritos de "¿Está bien?" y de risitas contenidas. Yo misma, amigos, me avergüenzo al rconocer que se me escapó un ronquidito traicionero al recordar el suceso.
Desde la Plaza de las Cortes, informando las 24 horas, me despido.

martes, 18 de diciembre de 2007

La casa de las cinco pruebas 2

Los tomos de los libros se deslizaban bajo sus dedos suaves y secos. ¿O eran sus dedos los que se deslizaban sobre los libros? ¿Y no serían, en realidad, los libros los que tenían ese tacto sedoso? Era muy difícil saberlo. En ese punto del camino de su existencia, había llegado a la conclusión de que ella y los libros eran la misma cosa. Escuchó la melodía de violonchelo que solía resonar a esas horas de la tarde-noche. Cerró los ojos y siguió la música a ciegas hasta que sintió que llegaba al foco de la misma. Abrió los ojos y sonrió al gramófono.
Por supuesto, nadie lo había dejado allí. Nadie había puesto el disco, y absolutamente nadie se había molestado en darle a la manivela para ponerlo en marcha. Pero el aparato funcionaba igualmente, cada día, sin excepción.
Se acercó hasta que su cara quedó frente a la campana, y disfrutó de la vibración en la piel. Los gemidos del violonchelo sonaban casi humanos, y la confortaban en medio de todo ese silencio.
Al rato se aburrió y dejó la sala. En el mismo momento en que decidió marcharse, el gramófono se apagó. Como siempre, había entendido a la perfección que ya no era necesario, y que cualquier intención de insitir sería recibida con una mirada fría y un leve arqueamiento de cejas. Sí, el gramófono sabía cuál era su lugar.
Un aroma a leña inundó sus fosas nasales. Claro, se dijo, a estas horas las chimeneas empezaban a encenderse. Bajó unas escaleritas de madera que crujieron dolorosamente, y aterrizó de un salto en medio del salón de té. El fuego crepitaba con alegría, y las butacas de terciopelo estaban situadas en el sitio perfecto: ni muy cerca del fuego, ni muy lejos. Se sentó con un suspiro satisfecho y abrió el bolso de piel gastada que descansaba sobre sus rodillas. Sacó el termo y un plato cubierto por una servilleta fírmemente anudada. Alzó la mirada y vio una taza sobre la repisa de la chimenea. Por supuesto, era su favorita, la que tenía una amapola grande y rosada por el paso del tiempo. El té sabía especialmente bien en esa taza.
Aunque, en realidad, todo parecía mejor en ese edificio. Entre sus paredes gruesas de piedra imposiblemente blanca tenían lugar maravillas que rara vez se veían al otro lado del bosque.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

All I want for Christmas...


Esta mañana he recibido la primera felicitación de Navidad del año (gracias, Ana), por tanto, la Navidad está oficialmente inaugurada para moi. Ah... no podría ser más feliz.
Sí, señores, porque cuando llegan estas fechas, como ya dije anteriormente, me vuelvo loca, generosa, hiperactiva y terrible, terriblemente ñoña. Entre mis acciones navideñas destacan: las galletas de navidad para mis amigos (este año tocan magdalenas, ya que las galletas no tuvieron el éxito esperado y se llevaron con ellas más de un empaste), la confección de la bufanda anual, los paseos melancólicos por Madrid luciendo cara de alelada y mirando cada lucecita y cada Papá Noel con arrobo y, por último, cosas como dar limosna a los mendigos y esas acciones tan filantrópicas que se hacen por estas fechas. ¿No habéis vomitado todavía? Tranquilos, tengo más: voy a pasarme los veinticinco días que quedan de festividades escuchando sin descanso Stocks by the Fire, un CD de Starbucks con villancicos típicos. ¡Ah, lo olvidaba! Este año las felicitaciones las pienso hacer a mano.

Disfrutad con este empalague navideño, y pasad unas felices fiestas.

martes, 4 de diciembre de 2007

La casa de las cinco pruebas 1

Pateaba las hojas marrones a su paso, con un entusiasmo infantil. Las urracas se rieron de ella a lo largo del camino. Se detuvo en lo alto de las largas escaleras que conducían a su destino. La vista era inmejorable: las montañas azules se veían enmarcadas por un cielo púrpura. Los cúmulos de luces de ciudades lejanas eran el único testimonio de la vida más allá del bosque.
El olor a pino y a almizcle se metió en sus fosas nasales. Su estornudo resonó entre los viejos y venerables edificios. Estaba segura de que los libros habían temblado en sus polvorientas estanterias de la biblioteca.
Bajó con paso alegre los 99 escalones de cemento. Un gato la miraba en su descenso, un ojo cerrado y otro cubierto por una neblina blanca. Ella tarareaba "99 red balloons", porque había llegado a la conclusión de que era más fácil llegar al final de los peldaños si llevaba a cabo ese pequeño ritual. Su vida estaba llena de rituales pequeños.
Como tocar madera al pensar algo malo. No con malas intenciones, cosas como "si esa niña se asoma más por la barandilla, puede que se caiga". Parecía que, tocando madera, se reducían las posibilidades de que esa niña cayera.
También solía morderse la lengua cuando veía una abeja. Y ocultaba los pulgares dentro de las manos al ver un cortejo fúnebre. Eran cosas sencillas, pero no podía dejar de hacerlas.
Después de todo, si los seres humanos se dejaban llevar por la superstición, sería por algo.
Se quedó quieta, recuperando el aliento, cuando llegó al final de la escalera. El cielo se había vuelto de un azul oscuro acuoso. El edificio blancuzco de la biblioteca se destacaba perfectamente contra él. Las gárgolas risueñas de sus cornisas podían haberle guiñado un ojo. Pero no lo hicieron. Como siempre, pero ella estaba alerta, segura de que en cualquier momento lo harían, venciendo su timidez. Era cuestión de tiempo.
El portón de hierro protestó cuando lo abrió, pero eso no la detuvo. Tenía que pasar una prueba, su examen de valor diario.
El pasillo. Las paredes amarillas se abrían a intervalos, dejando entrever clases siniestras y oscuras. El zumbido del fluorescente medio fundido era lo único que se oía.
Bueno, no sólo eso. También estaban los pasos. Pasos de gente que había habitado esas aulas tiempo atrás. Personas que no habían dejado un buen recuerdo. Su ira había manchado con una pátina negruzca los rincones de esa parte del edificio.
Siguió caminando. Ignoró las voces, los susurros. Abrió las puertas de madera con una violencia desagradecida. Y la salvó la biblioteca.
Su olor a libro viejo y a resina la sacaron los escalofríos del cuerpo. Las estanterías de caoba y cristal fueron un festín para sus pupilas temblorosas. Apoyó la frente en uno de los basares, respirando hondo, terriblemente confortada.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Atchooo!!

Nariz llena de mocos. Pulmones llenos. Cabeza atestada. No puedo unir dos frases sin que me duelan las neuronas. Tengo el cuerpo dolorido, como si me hubieran apaleado con una fregona.

Sí, estoy constipada. Más bien, tengo un catarro de cagarse la perra. Estoy tomando Paracetamol, jarabe para la tos y caramelos de menta por kilos, pero, a pesar de todo, estoy jodida. En el peor de los sentidos.


¿Qué sugerís? Casi todo el mundo me dice que me quede en la cama y no vaya a clase. Eso es porque no tienen a mi profe de Sintaxis, con sus amenazas constantes de examen sorpresa.


Así que me quedan los remedios de viejas que he ido recopilando. Tomar una cucharada de zumo de limón con una de azúcar para suavizar la garganta. Beber leche con miel, té caliente, caldo de pollo y mucha agua. Dormir con una cebolla cortada a trozos junto a la cama. Atiborrar mi cuerpo de L Casei Inmunitas. Trasegar Redoxitos sin parar.


Y, si no, siempre queda el Frenadol.


Ay... Y yo que cantaba las marav...ATCHOOO!!!... las maravillas del otoño, del frío y del cambio de estación. Pues tengo que reconocer que, cuando te pilla por banda, el invierno es jodido de cojones.


Toses desde la ultratumba de mi parte.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Canciones que me marcaron 3

Ayer, cuando iba del edificio A al B para mi clase de Romanticismo Literario Español, me di cuenta de la paz que se respiraba a esas horas. En el cielo no quedaban más que unos retazos rosados y purpúreos. La lluvia caía, produciendo un soniquete relajante al chocar contra mi paraguas. Más allá de la facultad, entre la bruma y la oscuridad, se veían las luces fantasmales de algunos reductos habitados. Respiré, llenándome del olor a tierra mojada y pinos.
El post de hoy estaba destinado a narrar esa mística experiencia, esa fusión que experimenté con la naturaleza que me rodeaba. Es un poco difícil hacerlo si el teléfono te interrumpe cuatro veces por frase.
Así que, para relajarme y reírme un poco, os pongo otra canción que me marcó: Dominated Loveslave, de Greenday.

I want to be your dominated love slave
Quiero ser tu esclavo de amor dominado
I want to be the one that takes the pain
quiero ser el que sienta el dolor
You can spank me when I do not behave
Puedes azotarme cuando no me comporte
Mack me in the forehead with a chain
Darme en la frente con una cadena
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
Y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drive the staples deep
Así que clávame bien las grapas
I want you to slap me and call me naughty
Quiero que me abofetees y me llames "malo"
Put a beltsander against my skin
que frotes una lija contra mi piel.
I want to feel pain all over my body
Quiero sentir dolor en todo mi cuerpo
Can't wait to be punished for my sins.
No puedo esperar a ser castigado por mis pecados
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
Y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drive them staples deep
Así que clávame bien las grapas
Yee-hah!
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drrrriiiveeee.....Staples?
Así que cláaaaaavame... ¿grapas?


La canción es la rehostia. Sobre todo porque el ritmillo es de canción country de la América Porfunda. Como si aquí se pone el Gañán a cantarla. Bueno, intentaré encontrar el video, pero me extraña. Deseadme suerte.