jueves, 27 de diciembre de 2007

Nieve, Cristal, Manzanas (primera parte)

Esta es mi primera traducción, así que, sed piadosos conmigo. Es una maravillosa alternativa al cuento tradicional de Blancanieves, escrito por Neil Gaiman, un hombre por el que yo me inmolaría.

Snow, Glass, Apples by Neil Gaiman.

No sé qué forma de vida es ella. Ninguno de nosotros lo sabe. Mató a su madre durante el parto, pero eso nunca cuenta lo suficiente.
Me llaman sabia, pero estoy lejos de serlo, porque lo único que preveo son fragmentos, momentos congelados atrapados en el reflejo del agua o en el frío cristal de mi espejo. Si hubiera sido sabia, no habría tratado de cambiar lo que vi. Si hubiera sido sabia, me habría matado antes de enfrentarme a ella, antes de haberle atrapado.
Sabia, y una bruja, o eso decían, y había visto su rostro en mis sueños y en reflejos durante toda mi vida; dieciséis años soñando con él antes de que detuviera su caballo junto al puente esa mañana, y preguntara mi nombre. Me ayudó a subir al caballo y cabalgamos juntos hasta mi pequeña cabaña, mi rostro enterrado en el oro de su cabello. Me pidió lo más valioso que tenía; un derecho real, eso era.
Su barba era de un rojo broncíneo en la luz de la mañana y le conocí, no como rey, pues yo no sabía nada de reyes entonces, sino como mi amante. Tomó lo que quiso de mí, el derecho real, pero volvió a mí al día siguiente, y la noche después: su barba tan roja, su cabello tan dorado, sus ojos azules como el cielo de verano, su piel bronceada del color del trigo maduro.
Su hija no era más que una niña de no más de cinco años de edad cuando vine al palacio. Un retrato de su madre muerta colgaba en su habitación de la torre; una mujer alta, el cabello del color de la madera oscura, lo ojos castaños. Era de una sangre diferente a la de su pálida hija.
La niña no comería con nosotros.
No sabía dónde comía en el palacio.
Yo tenía mis propias cámaras. Mi marido, el rey, tenía sus habitaciones particulares también. Cuando él me deseara, me buscaría, y yo iría con él, y le daría placer, y tomaría mi placer de él.
Una noche, muchos meses después de que fuera llevada al palacio, ella vino a mis habitaciones. Tenía seis años. Yo estaba bordando a la luz de una lámpara, entrecerrando los ojos por la humeante e irregular iluminación. Cuando alcé la mirada, ella estaba allí.
"-¿Princesa?"
No dijo nada. Sus ojos eran negros como el carbón, negros como su pelo. Sus labios más rojos que la sangre. Me miró y sonrió. Sus dientes parecían afilados, incluso entonces, a la luz de la lámpara.
"-¿Qué estás haciendo fuera de tu habitación?"
"-Tengo hambre" –dijo, como cualquier niño.
Era invierno, cuando la comida fresca era un sueño de calidez y rayos de sol, pero tenía racimos de manzanas enteras y secas, colgadas de la vigas de mi habitación, y cogí una para ella.
"-Aquí tienes"
El Otoño es la época de secar, de preservar, la época de recoger manzanas, de preparar la grasa de ganso. El Invierno es tiempo de hambruna, de nieve y de muerte; y también es la época del festival que tiene lugar a mitad de estación, cuando untamos la grasa de ganso en la piel de un cerdo entero, relleno con esas manzanas de Otoño, lo asamos o ensartamos y nos preparamos para festejar hasta que cante el gallo.
Ella tomó la manzana seca y comenzó a masticarla con sus afilados dientes amarillentos.
"¿Está buena?"
Ella asintió. Siempre había tenido miedo de la pequeña princesa, pero en esos momentos me enternecí y, con mis dedos, gentilmente, le acaricié la mejilla. Me miró y sonrió –rara vez lo hacía -. Entonces me clavó los dientes en la base de mi pulgar, el Montículo de Venus, y me hizo sangre. Empecé a gritar por el dolor y la sopresa; pero clavó su mirada en mí y guardé silenció.
La pequeña princesa fijó su boca a mi mano y lamió, y succionó y bebió. Cuando terminó, abandonó mi cámara. Bajo mi mirada, el corte que me había hecho empezó a cerrarse, a cicatrizar, a curarse. Al día siguiente era una antigua cicatriz. Podía haberme cortado la mano con una navaja en mi infancia.
Había sido paralizada por ella, poseída y dominada. Eso me aterraba, más que la sangre de la que se había alimentado.
Tras esa noche cerraba la puerta de mi cuarto, apuntalándola con un asta de roble y pedí al herrero que forjara barras de hierro, las cuales colocó en mis ventanas.
Mi marido, mi amor, mi rey, me mandaba llamar cada vez menos, y cuando iba a él, estaba mareado, apático, confuso. No pudo seguir haciéndome el amor como lo hace un hombre; y no me permitiría darle placer con mi boca: la única vez que lo intenté comenzó a llorar violentamente. Aparté mi boca y le abracé fuerte, hasta que los sollozos cesaron y se durmió, como un niño.
Deslicé mis dedos sobre su piel mientras dormía. Estaba cubierta de multitud de cicatrices antiguas. Pero no podía recordar ninguna cicatriz de los días de nuestro cortejo, salvo una en su costado, donde un jabalí le había corneado en su juventud.
En poco tiempo era una sombra del hombre que había conocido y amado junto al puente. Sus huesos asomaban, azules y blancos, bajo la piel. Yo estaba con él en su final: sus manos frías como la piedra, sus ojos azul-lechoso, su cabello y barba descoloridos, sin lustre y lacios. Murió sin haber recibido la absolución, su piel cortada y hundida de la cabeza a los pies por las pequeñas, viejas cicatrices.
No pesaba casi nada. El suelo estaba congelado y no pudimos cavar una tumba para él, así que hicimos un montículo de rocas y piedras sobre su cuerpo, como un mero monumento, lo suficiente para protegerle del hambre de las bestias y los pájaros.
Así que era reina.
Y tonta, y joven – dieciocho veranos habían llegado y se habían ido desde que vi la luz del día - y no hice lo que hubiese hecho ahora.
Hoy en día, habría mandado cortar su corazón, cierto. Pero luego le hubiera cortado la cabeza, los brazos y las piernas, habría hecho que la destripasen. Y entonces hubiera observado, en la plaza del pueblo, al verdugo avivando el fuego al rojo vivo, hubiera observado sin pestañear como encomendaba cada pedazo de ella a la hoguera. Hubiera apostado arqueros alrededor de la plaza, los cuales dispararían a cualquier pájaro o animal que se acercara a las llamas, cualquier cuervo, o perro o halcón o rata. Y no cerraría mis ojos hasta que la princesa se hubiera hecho cenizas, y un suave viento la dispersara como si fuera nieve.
No lo hice, y los errores se pagan.
Dicen que fui burlada. Que no era su corazón. Que era el corazón de algún animal –de un ciervo, o quizá de un jabalí – Eso dicen, y están equivocados.
Y algunos dicen –pero es la mentira de ella, no la mía – que me fue entregado su corazón, y que me lo comí. Las mentiras y las verdades a medias caen como la nieve, cubriendo las cosas que yo recuerdo, las cosas que ví. Un paisaje irreconocible tras una ventisca, en eso ha convertido mi vida.
Cuando murió, había cicatrices en los muslos de mi amor, de su padre; en sus testículos, y en su miembro viril.
No fui con ellos. La atraparon de día, mientras dormía, cuando era más débil. La llevaron al centro del bosque y allí le abrieron la blusa y le arrancaron el corazón. La dejaron muerta, en una garganta, para que el bosque se la tragara.
El bosque es un lugar oscuro, el límite de muchos reinos, nadie sería lo bastante tonto como para reclamar jurisdicción sobre él. Los renegados viven en el bosque. Los ladrones viven en el bosque, así como los lobos. Puedes cabalgar durante una docena de días a través de él y no ver un alma; pero hay ojos sobre ti todo en todo momento.
Me trajeron su corazón. Sabía que era el suyo –el corazón de un cerdo o el de una cierva no hubiera continuado latiendo y palpitando, tal y como hacía éste.
Lo llevé a mi cámara.
No me lo comí. Lo colgué de las vigas sobre mi cama, metiéndolo en una medida de bramante en el cual ensarté bayas de serbal, de un rojo anaranjado como el pecho de un cardenal; y dientes de ajo.
Fuera, la nieve caía, cubriendo las huellas de mis cazadores, cubriendo su pequeño cuerpo en el bosque, donde yacía.
Mandé al herrero quitar los barrotes de mis ventanas, y pasaría algún tiempo en mi habitación cada tarde, durante los cortos días de invierno, oteando en dirección al bosque, hasta que caía la oscuridad.
Había, como he dicho antes, gente en el bosque. Algunos de ellos salían para el festival de Primavera; una gente avariciosa, salvaje y peligrosa. Algunos estaban atrofiados –enanos y jorobados; otros tenían los enormes dientes y la mirada perdida de los idiotas, otros tenían dedos como aletas o pinzas de cangrejo-. Ellos se arrastraban fuera del bosque cada año para el festival de Primavera, cuando las nieves se habían derretido.
Cuando era una muchacha había trabajado en el festival y me habían asustado entonces, las gentes del bosque. Decía la fortuna a los feriantes, escrutando una vasija de aguas inmóviles, y más tarde, cuando era mayor, un disco de cristal pulido, con el reverso cubierto de plata –un regalo de un mercader cuyo caballo perdido había visto en un charco de tinta.
Los mercaderes del festival temían a las gentes del bosque; clavarían sus mercancías a las tablas desnudas de sus puestos –bloques de pan de jengibre o cinturones de cuero eran sujetos con grandes clavos a la madera. Si sus productos no estaban clavados, decían, la gente del bosque se los llevaría y huirían, mascando el pan de jengibre robado, sacudiendo los cinturones en el aire.
La gente del bosque tenía dinero, a pesar de todo. Una moneda aquí, otra allí, a veces manchadas de verde por el paso del tiempo o la tierra, el rostro en la moneda desconocido incluso para los más ancianos entre nosotros. Incluso tenían cosas que intercambiar, y de ese modo el festival continuaba, sirviendo a los renegados y los enanos, sirviendo a los ladrones –si se comportaban – que se aprovechaban de los raros viajeros de tierras más allá del bosque, o de los gitanos, o de los ciervos (esto era robo a los ojos de la Ley, los ciervos eran de la reina).
Los años pasaron lentamente, y mi gente proclamó que les gobernaba con sabiduría. El corazón seguía colgado sobre mi cama, palpitando suavemente en la noche. Si hubo alguien que llorase a la niña, no vi ninguna evidencia. Ella era algo de terror, incluso entonces, y ellos creían haberse hecho cargo de ella.
Un festival siguió a otro, cinco de ellos, cada uno más triste, pobre y deprimente que el anterior. Pocos habitantes del bosque salieron a comprar. Quienes lo hicieron parecían apagados e indiferentes. Los mercaderes dejaron de clavar las mercancías en los tableros de los puestos. Y al quinto año no salió más que un puñado de gente del bosque. Una temerosa piña de hombrecitos peludos, y nadie más.
El Señor de la Feria y su paje vinieron a mí cuando ésta estaba lista. Le había conocido ligeramente, antes de ser reina.
"-No vengo a ti como mi reina" –dijo.
No dije nada. Escuché.
"-Vengo a ti porque eres sabia" -continuó él – "Cuando eras niña encontraste un potro perdido contemplando un charco de tinta; cuando eras una doncella encontraste a un niño perdido que había echado a andar lejos de su madre, mirando en ese espejo tuyo. Conoces secretos y puedes encontrar cosas escondidas. Mi reina –preguntó - ¿qué es lo que se está llevando a la gente del bosque? El próximo año no habrá festival de Primavera. Los viajeros de otros reinos son escasos, la gente del bosque casi ha desaparecido. Otro año como el último y tendremos que morir de hambre"
Mandé a mi ayuda de cámara que trajera mi espejo. Era un objeto simple, un disco de cristal con el reverso plateado que mantenía envuelto en una piel de cierva, en un cofre, en mi cámara.
Me lo trajeron entonces, y miré dentro de él:
Tenía doce años y ya no era ninguna niña. Su piel seguía pálida, sus ojos y cabello negros como el carbón, sus labios rojos como la sangre. Vestía las ropas que llevaba cuando abandonó el castillo la última vez – la blusa, la falda- aunque estaban mucho más remendadas. Por encima llevaba una capa de piel, y en lugar de botas, unas bolsas de cuero atadas con cordones a sus pequeños pies.
Estaba de pie en el bosque, junto a un árbol.
Mientras miraba, con el ojo de mi mente, la vi aproximarse poco a poco, avanzar, revolotear y caminar suavemente de árbol en árbol, como un animal; un murciélago o un lobo. Estaba siguiendo a alguien.
Era un monje. Vestía un hábito y sus pies estaban desnudos, heridos y callosos. Su barba y tonsura estaban demasiado crecidas.
Ella le observó tras los árboles. Finalmente, él se detuvo para pasar la noche, y empezó a encender un fuego colocando ramitas, desarmando un nido de cardenal para avivarlo. Tenía una caja de yesca en su túnica, y golpeó el pedernal contra el acero hasta que las chispas alcanzaron la yesca y el fuego prendió. Había encontrado dos huevos en el nido del cardenal, y se los comió crudos. No debían haber sido mucho alimento para un hombre tan grande.
Se sentó allí, a la luz del fuego, y ella salió de su escondite. Se acuclilló al otro lado del fuego y le miró fijamente. El sonrió, haciendo una mueca, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que había visto otro humano, y la llamó para que fuera junto a él.
Ella se puso en pie, caminado alrededor del fuego, y esperó, algo distante. Él rebuscó en su túnica hasta que encontró una moneda –un pequeño penique de cobre- y se la arrojó. Ella lo cogió y asintió, y fue a él. Él tiró de la cuerda que le rodeaba la cintura, y su túnica cayó, abierta. Su cuerpo era peludo como el de un oso. Ella le empujó hasta que quedó de espaldas sobre el musgo. Una mano se arrastró, como una araña, a través de la mata de pelo, hasta cerrarse sobre su virilidad; la otra mano trazó un círculo sobre su pezón izquierdo. Él cerró sus ojos, tanteando con una mano enorme bajo su falda.
Ella bajó su boca hasta el pezón con el que había estado jugueteando, su suave piel blanca sobre el peludo cuerpo castaño de él.
Ella hundió los dientes profundamente en el pecho de él. Sus ojos se abrieron, entonces se cerraron de nuevo y ella bebió.
Le montó mientras se alimentaba. Según lo hacía, un acuoso líquido negruzco empezó a gotear de su entrepierna…
"-¿Sabes qué está manteniendo a los viajeros lejos de nuestra ciudad? ¿Qué está pasando con la gente del bosque?" –preguntó el Señor de la Feria.
Cubrí el espejo con piel de cierva y le dije que me encargaría personalmente de hacer del bosque un lugar seguro otra vez.
Tenía que hacerlo, aunque ella me aterrase. Yo era la reina [...]


CONTINUARÁ

viernes, 21 de diciembre de 2007

How you dare?!

¿Cómo os atrevéis? ¿Cómo osáis? ¿Cómo se os ocurre llevarme de farra hasta las dos y media de la mañana sabiendo que hoy madrugaba? ¿Cómo podéis dormir por las noches? ¿Cómo sois capaces de respirar en medio de la culpa que os debería corroer las entrañas?
Que sepáis que estoy hecha mierda. En serio. Me duele la mandíbula de bostezar, y tengo la piel fatal por la falta de sueño (sí, aunque no lo parezca, me fijo en esas cosas), por no hablar de la voz cazallera que tengo, y el pitido constante en los oídos.
Así no se puede currar, en serio. Y menos mal que sólo me tomé una Heineken, porque si encima me llego a pillar la que se pillaron otros (no quiero mirar a nadie cof-cof-rocío-cof) vengo a gatas a la oficina. O no vengo.
Madre mía, en serio, ¿qué clase de amigos sois? Pero esto no ha terminado: ¡me vengaré! A partir de ahora, os haré vivir una vida de pánico y temor. ¡¡¡Buahahahahahaha!!!

¡¡He dicho!!

jueves, 20 de diciembre de 2007

Drama in de bas

Señores, acudo a mi diligente blog para transmitir el relato de un suceso trágico.
Ayer, 19 de diciembre del año del Señor 2007, tuvo lugar un accidente dramático en la parada del autobús de Plaza Cánovas del Castillo. Una servidora fue mudo testigo del horror.
Estaba yo en el autobús, tambaleándome porque el conductor parecía estar al borde del paroxismo por consumo de anfetaminas, y nos llevaba a todos a una velocidad de Dragon Khan. Un bebé lloraba, babeándose el puñito, y su hermano mayor, de no más de 5 años de edad, nos torturaba con la canción de entrada de la serie Pokemon (no sé qué edición, mi frikismo abarca muchos campos, pero ese en concreto no), alternado el cántico con expresiones muy pueriles, del estilo de "Quiero la PSP para Reyes, mamá. Mamá, ¿los Reyes existen? Porque-porque-porque (¿no habéis notado que el 70% de los niños tienen una etapa de tartamudez realmente crispante?) Ricardo me ha dicho que son los padres..." La madre, con la coleta deshecha y cara de necesitar un poco de "mamma's little helper" (AKA: Valium o Amiplím, como dice Sambucívox), intentaba alimentarle con un sándwich de chopped y mucha margarina Tulipán, que todos sabemos que ayuda a crecer a lo largo y a lo ancho.
Yo, hipnotizada por este ejemplo de conducta humana, me compadecía y cabreaba a partes iguales. Así mismo, en la otra punta del vehículo un indivíduo francamente vulgar, con barbita de 50 días, pelo engominado para atrás y greñitas, se rascaba sus partes sin ningún asomo de decoro, así, casual-like. Al mismo tiempo, le decía algunas lindezas a una señora que se encontraba a mi derecha, seguramente su madre (que estaba con un pie en la tumba por los meneos repletos de adrenalina del autobusero). Ejemplo: "Al final, por tu puta culpa, llegamos tarde. Si es que siempre me haces lo mismo, joder. Todo por la puta diálisis..." Y la pobre, aguantando. Impresionante, por decir algo, lo de este muchacho (que, aparte de todo lo dicho anteriormente, era uno de estos puretas que han vivido la época de las hombreras y los pantalones nevados y ahora van de chonis, con su gorrilla, sus oros y su chandalism).
Todavía no había terminado el terror en el bus: repentinamente, un grito agudo hizo eco en mi delicado oído. Fue algo así como "¡¡¡AaAaAaAaAaAa!!! ¡¡¡¿¿Ves??!!! ¡¡¡¡¿¿¿Ves???!!!! ¡¡¡¡¡VEEEEES!!!!! ¡¡Si ya te lo decía yo!! ¡¡YA TE LO DECÍA YOOOOOO!!" El conductor se detuvo, silenciándola y conteniendo mi sed de sangre.
Y entonces, lectores míos, entonces ocurrió la tragedia. Un caballero muy tranquilo y muy feliz consigo mismo, con el mundo y con la vida en general salió del autobús y se dirigió al hueco que hay entre las dos pantallas de cristal de las marquesinas de Plaza Cánovas del Castillo. Sólo que no era el hueco.
Las labores de limpieza urbana habían sido tan exhaustivas que el pobre hombre se lanzó hacia el cristal, chocando de lleno, con un impacto frente-nariz-barbilla-torso que le impulsó hacia atrás. Aterrizó sobre la maníaca que me había gritado a la oreja (que en ese momento estaba a metro y medio de distancia de él).
El hombre huyó, en medio de una marejada de gritos de "¿Está bien?" y de risitas contenidas. Yo misma, amigos, me avergüenzo al rconocer que se me escapó un ronquidito traicionero al recordar el suceso.
Desde la Plaza de las Cortes, informando las 24 horas, me despido.

martes, 18 de diciembre de 2007

La casa de las cinco pruebas 2

Los tomos de los libros se deslizaban bajo sus dedos suaves y secos. ¿O eran sus dedos los que se deslizaban sobre los libros? ¿Y no serían, en realidad, los libros los que tenían ese tacto sedoso? Era muy difícil saberlo. En ese punto del camino de su existencia, había llegado a la conclusión de que ella y los libros eran la misma cosa. Escuchó la melodía de violonchelo que solía resonar a esas horas de la tarde-noche. Cerró los ojos y siguió la música a ciegas hasta que sintió que llegaba al foco de la misma. Abrió los ojos y sonrió al gramófono.
Por supuesto, nadie lo había dejado allí. Nadie había puesto el disco, y absolutamente nadie se había molestado en darle a la manivela para ponerlo en marcha. Pero el aparato funcionaba igualmente, cada día, sin excepción.
Se acercó hasta que su cara quedó frente a la campana, y disfrutó de la vibración en la piel. Los gemidos del violonchelo sonaban casi humanos, y la confortaban en medio de todo ese silencio.
Al rato se aburrió y dejó la sala. En el mismo momento en que decidió marcharse, el gramófono se apagó. Como siempre, había entendido a la perfección que ya no era necesario, y que cualquier intención de insitir sería recibida con una mirada fría y un leve arqueamiento de cejas. Sí, el gramófono sabía cuál era su lugar.
Un aroma a leña inundó sus fosas nasales. Claro, se dijo, a estas horas las chimeneas empezaban a encenderse. Bajó unas escaleritas de madera que crujieron dolorosamente, y aterrizó de un salto en medio del salón de té. El fuego crepitaba con alegría, y las butacas de terciopelo estaban situadas en el sitio perfecto: ni muy cerca del fuego, ni muy lejos. Se sentó con un suspiro satisfecho y abrió el bolso de piel gastada que descansaba sobre sus rodillas. Sacó el termo y un plato cubierto por una servilleta fírmemente anudada. Alzó la mirada y vio una taza sobre la repisa de la chimenea. Por supuesto, era su favorita, la que tenía una amapola grande y rosada por el paso del tiempo. El té sabía especialmente bien en esa taza.
Aunque, en realidad, todo parecía mejor en ese edificio. Entre sus paredes gruesas de piedra imposiblemente blanca tenían lugar maravillas que rara vez se veían al otro lado del bosque.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

All I want for Christmas...


Esta mañana he recibido la primera felicitación de Navidad del año (gracias, Ana), por tanto, la Navidad está oficialmente inaugurada para moi. Ah... no podría ser más feliz.
Sí, señores, porque cuando llegan estas fechas, como ya dije anteriormente, me vuelvo loca, generosa, hiperactiva y terrible, terriblemente ñoña. Entre mis acciones navideñas destacan: las galletas de navidad para mis amigos (este año tocan magdalenas, ya que las galletas no tuvieron el éxito esperado y se llevaron con ellas más de un empaste), la confección de la bufanda anual, los paseos melancólicos por Madrid luciendo cara de alelada y mirando cada lucecita y cada Papá Noel con arrobo y, por último, cosas como dar limosna a los mendigos y esas acciones tan filantrópicas que se hacen por estas fechas. ¿No habéis vomitado todavía? Tranquilos, tengo más: voy a pasarme los veinticinco días que quedan de festividades escuchando sin descanso Stocks by the Fire, un CD de Starbucks con villancicos típicos. ¡Ah, lo olvidaba! Este año las felicitaciones las pienso hacer a mano.

Disfrutad con este empalague navideño, y pasad unas felices fiestas.

martes, 4 de diciembre de 2007

La casa de las cinco pruebas 1

Pateaba las hojas marrones a su paso, con un entusiasmo infantil. Las urracas se rieron de ella a lo largo del camino. Se detuvo en lo alto de las largas escaleras que conducían a su destino. La vista era inmejorable: las montañas azules se veían enmarcadas por un cielo púrpura. Los cúmulos de luces de ciudades lejanas eran el único testimonio de la vida más allá del bosque.
El olor a pino y a almizcle se metió en sus fosas nasales. Su estornudo resonó entre los viejos y venerables edificios. Estaba segura de que los libros habían temblado en sus polvorientas estanterias de la biblioteca.
Bajó con paso alegre los 99 escalones de cemento. Un gato la miraba en su descenso, un ojo cerrado y otro cubierto por una neblina blanca. Ella tarareaba "99 red balloons", porque había llegado a la conclusión de que era más fácil llegar al final de los peldaños si llevaba a cabo ese pequeño ritual. Su vida estaba llena de rituales pequeños.
Como tocar madera al pensar algo malo. No con malas intenciones, cosas como "si esa niña se asoma más por la barandilla, puede que se caiga". Parecía que, tocando madera, se reducían las posibilidades de que esa niña cayera.
También solía morderse la lengua cuando veía una abeja. Y ocultaba los pulgares dentro de las manos al ver un cortejo fúnebre. Eran cosas sencillas, pero no podía dejar de hacerlas.
Después de todo, si los seres humanos se dejaban llevar por la superstición, sería por algo.
Se quedó quieta, recuperando el aliento, cuando llegó al final de la escalera. El cielo se había vuelto de un azul oscuro acuoso. El edificio blancuzco de la biblioteca se destacaba perfectamente contra él. Las gárgolas risueñas de sus cornisas podían haberle guiñado un ojo. Pero no lo hicieron. Como siempre, pero ella estaba alerta, segura de que en cualquier momento lo harían, venciendo su timidez. Era cuestión de tiempo.
El portón de hierro protestó cuando lo abrió, pero eso no la detuvo. Tenía que pasar una prueba, su examen de valor diario.
El pasillo. Las paredes amarillas se abrían a intervalos, dejando entrever clases siniestras y oscuras. El zumbido del fluorescente medio fundido era lo único que se oía.
Bueno, no sólo eso. También estaban los pasos. Pasos de gente que había habitado esas aulas tiempo atrás. Personas que no habían dejado un buen recuerdo. Su ira había manchado con una pátina negruzca los rincones de esa parte del edificio.
Siguió caminando. Ignoró las voces, los susurros. Abrió las puertas de madera con una violencia desagradecida. Y la salvó la biblioteca.
Su olor a libro viejo y a resina la sacaron los escalofríos del cuerpo. Las estanterías de caoba y cristal fueron un festín para sus pupilas temblorosas. Apoyó la frente en uno de los basares, respirando hondo, terriblemente confortada.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Atchooo!!

Nariz llena de mocos. Pulmones llenos. Cabeza atestada. No puedo unir dos frases sin que me duelan las neuronas. Tengo el cuerpo dolorido, como si me hubieran apaleado con una fregona.

Sí, estoy constipada. Más bien, tengo un catarro de cagarse la perra. Estoy tomando Paracetamol, jarabe para la tos y caramelos de menta por kilos, pero, a pesar de todo, estoy jodida. En el peor de los sentidos.


¿Qué sugerís? Casi todo el mundo me dice que me quede en la cama y no vaya a clase. Eso es porque no tienen a mi profe de Sintaxis, con sus amenazas constantes de examen sorpresa.


Así que me quedan los remedios de viejas que he ido recopilando. Tomar una cucharada de zumo de limón con una de azúcar para suavizar la garganta. Beber leche con miel, té caliente, caldo de pollo y mucha agua. Dormir con una cebolla cortada a trozos junto a la cama. Atiborrar mi cuerpo de L Casei Inmunitas. Trasegar Redoxitos sin parar.


Y, si no, siempre queda el Frenadol.


Ay... Y yo que cantaba las marav...ATCHOOO!!!... las maravillas del otoño, del frío y del cambio de estación. Pues tengo que reconocer que, cuando te pilla por banda, el invierno es jodido de cojones.


Toses desde la ultratumba de mi parte.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Canciones que me marcaron 3

Ayer, cuando iba del edificio A al B para mi clase de Romanticismo Literario Español, me di cuenta de la paz que se respiraba a esas horas. En el cielo no quedaban más que unos retazos rosados y purpúreos. La lluvia caía, produciendo un soniquete relajante al chocar contra mi paraguas. Más allá de la facultad, entre la bruma y la oscuridad, se veían las luces fantasmales de algunos reductos habitados. Respiré, llenándome del olor a tierra mojada y pinos.
El post de hoy estaba destinado a narrar esa mística experiencia, esa fusión que experimenté con la naturaleza que me rodeaba. Es un poco difícil hacerlo si el teléfono te interrumpe cuatro veces por frase.
Así que, para relajarme y reírme un poco, os pongo otra canción que me marcó: Dominated Loveslave, de Greenday.

I want to be your dominated love slave
Quiero ser tu esclavo de amor dominado
I want to be the one that takes the pain
quiero ser el que sienta el dolor
You can spank me when I do not behave
Puedes azotarme cuando no me comporte
Mack me in the forehead with a chain
Darme en la frente con una cadena
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
Y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drive the staples deep
Así que clávame bien las grapas
I want you to slap me and call me naughty
Quiero que me abofetees y me llames "malo"
Put a beltsander against my skin
que frotes una lija contra mi piel.
I want to feel pain all over my body
Quiero sentir dolor en todo mi cuerpo
Can't wait to be punished for my sins.
No puedo esperar a ser castigado por mis pecados
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
Y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drive them staples deep
Así que clávame bien las grapas
Yee-hah!
Cause I love feelin' dirty
Porque me encanta sentirme sucio
And I love feelin' cheap
y me encanta sentirme degradado
And I love it when you hurt me
Y me encanta cuando me hieres
So drrrriiiveeee.....Staples?
Así que cláaaaaavame... ¿grapas?


La canción es la rehostia. Sobre todo porque el ritmillo es de canción country de la América Porfunda. Como si aquí se pone el Gañán a cantarla. Bueno, intentaré encontrar el video, pero me extraña. Deseadme suerte.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Mi Karma particular

Hoy toca post cabreado
Creo sinceramente en el karma. Creo que la vida te da recompensas si tu comportamiento es adecuado. Creo que las malas acciones sólo generan energía negativa.
Últimamente el karma no deja de darme patadas en el culo.
Llevo toda la semana siendo buena. Yendo a trabajar. Yendo a todas las clases. Yendo a japonés. Leyéndome los libros que me tengo que leer. Acostándome temprano. Etc.
¿He conseguido algo bueno de todo esto? Una mierda pa mí.
Tengo un dolor de vértebras comparable a la sensación producida al dormir en una cama de faquir (las que tienen pinchos de diez centímetros). Me duele el pie derecho por habérmelo torcido cuatro veces en lo que llevo de semana. Y, para un día que se me ocurre faltar a Sintaxis, resulta que la profe pone examen sorpresa QUE CUENTA EN LA NOTA FINAL.
(me limpio la espumilla rabiosa de la boca) En fin. Cuando soy buena, mal, y cuando soy mala, peor.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Mi tío Oswald

Me encanta retozar
Diario de Oswald, vol. XIV

"Me refiero, naruralmente, al difunto Oswald Hendryks Cornelius, connaisseur, bon vivant, coleccionista de arañas, escorpiones y bastones, amante de la ópera, experto en porcelana china, seductor de mujeres , y casi sin duda el mayor fornicador de todos los tiempos. Todos los demás famosos aspirantes a este título quedan reducidos al ridículo cuando se contrasta su historial con el de mi tío Oswald. Especialmente el pobre Casanova, que sale en comparación reducido a poco más que un hombre con un órgano sexual gravemente atrofiado."

Hoy me apetece homenajear una de las obras más hilarantes de Roald Dahl, "My Uncle Oswald". Fue la primera obra para adultos que leí de este autor, y aparte de flipar bastante (este hombre es esl escritor de Matilda, por dios...), me reí como una chiflada en el metro, en los bares, en las esquinas, recordando las andanzas del tío Oswald.
La novelita es desternillante. Nos cuenta la historia del tío Oswald, a partir de una recopilación de sus diarios (que, en otro relato, sabemos que le fueron entregados al mismo Roald, su sobrino, quien hizo la labor investigadora y compiladora). Se narra, en concreto, cómo llegó Oswald Cornelius a ser un sibarita millonario, además de relatársenos una de sus mayores aventuras.
¿Y cual es el aleteo que comienza todo? La aparición de un bichito llamado "cantharis vesicatoria sudanii", o Escarabajo Vesicante.
"-Estos pequeños insectos -dijo el comandante - se encuentran solamente en la zona del Sudán. Es una comarca de unos cincuenta kilómetros cuadrados, al norte de Jartum, en la que crece un árbol llamado bashab. Las hojas del bashab son el alimento de estos insectos. Hay hombres que se pasan la vida entera buscándolos. Les llaman cazadores de escarabajos. Son aborígenes de vista especialmente aguda, que saben todo lo que hay que saber acerca de los nidos y las costumbres de estas pequeñas bestias. Y cuando atrapan a una, la matan, la secan al sol y la machacan hasta convertirla en polvo fino. Este polvo es muy apreciado por los aborígenes, que generalmente lo conservan en cajitas afiligranadas especiales para estos polvos.
-Pero, ¿qué hacen con esos polvos? -quisimos saber.
-Lo importante no es lo que ellos hacen con ese polvo -dijo el comandante - sino lo que ese polvo les hace a ellos. Una porción extraordinariamente minúscula de ese polvo es el afrodisíaco más potente del mundo.
[...]
-¿Cuáles son exáctamente sus efectos? -preguntó una de las chicas.
-¡Dios mío! -exclamó el comandante - ¡qué efectos! Se te enciende una hoguera en los genitales. Al mismo tiempo es un afrodisíaco violento y un irritante enérgico. No solamente te pone incontrolablemente cachondo, sino que también te garantiza una enorme y prolongada erección [...]"

Así que, Oswald se marcha a Jartum (con diecisiete años), para conseguir los polvos de escarabajo vesicante oliéndose un buen negocio. A su regreso, consigue amasar su primera fortuna vendiéndo las pastillas hechas con el afrodisíaco a un grupo de embajadores de todo el mundo.
Pero es a los veinticuatro años cuando se le presenta el mejor y mayor negocio de toda su vida: combinar sus pastillas con un sistema revolucionario de conserva de esperma que ha inventado su profesor de universidad, A.R. Woresley. Con la ayuda de una avispada estudiante universitaria, Yasmin Howcomely, tratarán de conseguir los espermas más preciados. Desde Freud hasta Picasso, pasando por una amplia selección de familias reales de Europa, todo se ven cómicamente retratados en este magnífico ejemplo de humor negro británico.

"-¿Podemos empezar por el rey de España? -dijo Yasmin - Sólo tiene treinta y tres años, y a juzgar por las fotografías, está bastante apetitoso.
-Muy bien -dije - Madrid será la primera parada. [...]
Todo estaba dispuesto. Yasmin y yo hicimos nuestras maletas y partimos hacia Madrid. Llevábamos con nosotros la importantísima maleta de nitrógeno, la otra maleta más pequeña con glicerina y todo lo demás, un buen acopio de trufas de Prestat y cuatro onzas de polvo de escarabajo vesicante. [...] Yo me había procurado en Prestat algunas cajitas p3equeñas y muy elegantes con media docena de trufas cada una. Yasmin tenía que darle al rey una de esas cajas como pequeño obsequio, y al hacerlo debía decirle: 'Os he traído, señor, un pequeño obsequio. Son unas trufas deliciosas'. Entonces abriría la cajita y diría con una de sus sonrisas capaces de desarmar a cualquiera: '¿Os importa que robe una? Soy incapaz de resistir la tentación' Entonces tenía que meterse rápidamente la trufa en la boca, coger con la punta de los dedos la trufa rellena de polvos de escarabajo vesicante, y ofrecérsela delicadamente al rey[...]
Ya eran las seis y media. Yasmin llevaba en palacio dos horas y media. De repente sonaron en la puerta unos gopes muy fuertes. Me levanté y abrí. Yasmin, con las mejillas encendidas, se precipitó en mi habitación.
-¡Lo he conseguido! -exclamó, agitando en el aire su bolso como si fuera una bandera - ¡Lo tengo! ¡Está aquí!
En la cosa de caucho anudada que me dio Yasmin había al menos tres centímetros cúbicos de semen real [...]
-Ahora -le dije a Yasmin - cuéntamelo todo.
-Ha sido asombroso [...] En el salón había cuatro grandes sofás, y antes de sentarme los estudié todos. Quería elegir el que fuera más blando y práctico de todos. Sabía que al cabo de nueve minutos, el que eligiera en aquel momento se convertiría en un campo de batalla [...] Elegí entonces una especie de larguísima chaise longe tapizada de terciopelo de color ciruela [...] De todos modos, estaba de pie delante de mí cuando se quedó congelado, y como llevaba los pantalones muy ajustados pude ver qué estaba ocurriendo ahí debajo. Precisamente en ese instante le decía que era coleccionista de autógrafos de grandes hombres y le pedía que me regalara su firma. Me levanté y fui yo misma a su escritorio, tomé una hoja y se la dí para que la firmase. Resultó incluso demasiado fácil. El desgraciado ya casi ni sabía lo que hacía [...] Yo volví a sentarme en el sofá y Alfonso seguía de pie mirándome con los ojos fuera de las órbitas y tragando saliva de tal modo que su nuez subía y bajaba constantemente. Tenía la cara enrojecida, y luego empezó a inspirar profundamente. 'Venid aquí y sentáos, majestad' le dije. Él vino y se sentó. Siguió tragando saliva y mirándome con los ojos desorbitados y agitándose durante un minuto aproximadamente. Entretanto yo veía crecer su desmesurada lujuria a medida que los polvos actuaban. De repente me dijo con voz asfixiada y algo mojigata 'Señora, desearía que se quitara la ropa'.
'-¡Oh, majestad! -exclamé, poniéndome las manos en el pecho - ¡Qué decís!'
'-Desnúdese' -dijo él, tragando saliva.
-¿Qué ocurrió luego?
-Esta gente de la realeza es muy extraña. Conocen algunos trucos que nosotros, ordinarios mortales, ignoramos.
-¿Por ejemplo?
-Bueno, para empezar, no se mueve.
-Así que te obligó a que hicieras tú todo el trabajo.
-A mí tampoco me permitió que me moviera.
-No digas estupideces, Yasmin. No se puede realizar una copulación estática.
-Los reyes sí pueden -dijo ella - Espera y verás. No vas a creértelo.Ya te había dicho que había elegido esa chaise longe tapizada de terciopelo púrpura -prosiguió.
-Sí.
-Pues bien, resulta que había elegido exactamente el sofá más adecuado.Había algo debajo, Dios sabe qué, pero tenía que ser un motor de algún tipo, y cuando el rey tiró de una palanca todo el sofá empezó a traquetear y saltar arriba y abajo.
-¿Quieres decir que había un motor debajo del sofá? ¿Has llegado a verlo?
-Claro que no. Pero lo he oído perfectamente. Hacía el más condenado ruido que puedas imaginar. Rechinaba horriblemente.
-¿Quieres decir que era un motor de bencina?
-No, no era de bencina.
-¿Qué era, entonces?
-Un resorte de relojería -dijo ella.
-¡Un resorte de relojería! -dije- ¡Imposible! ¿Cómo sabes que era un resorte?
-Porque cuando ha empezado a pararse, él ha tenido que darle cuerda otra vez [...]"

"-Veamos, Fráulein -dijo al principio, mientras terminaba de tomarse la trufa - Hábleme de ese problema tan apremiante.
Ay, doctor Freud, ojalá pueda ayudarme!
-Para eso ha venido -dijo - Tiéndase en ese sofá de ahí y relájese.
De modo que me tendí en el maldito sofá, Oswald, y mientras me dejaba caer pensé que de todos modos tenía la ventaja de que estaría en un sitio bastante cómodo cuando empezaran los fuegos artificiales.
Así que le dije '¡Doctor Freud! ¡Me ocurre una cosa terrible! ¡Una cosa terrible y escandalosa!'
-¿De qué se trata? - me preguntó. Evidentemente, le encantaba que le contasen cosas terribles y escandalosas.
- No se lo va usted a creer -le dije - pero, no sé por qué, no puedo estar delante de ningún hombre más de unos pocos minutos sin que de repente trate de violarme. ¡Se ponen todos como fieras salvajes! ¡Me rasgan la ropa! Me muestran su órgano..., ¿es esta la palabra adecuada?
- Es tan buena como cualquier otra -me dijo - prosiga, Fräulein.
- ¡Todos saltan sobre mí! ¡Me tumban y me utilizan para conseguir placeres! Doctor Freud, ¡todos los hombres que he conocido me lo han hecho! ¡Tiene usted que ayudarme! ¡Me violan tanto que me van a matar!
-Querida señora -dijo él - esta es una fatansía muy común en determinados tipos de mujeres histéricas. A todas ellas les aterroriza la idea de tener relaciones físicas con los hombres. De hecho, ansían con todas sus fuerzas fornicar, copular y practicar toda clase de travesuras sexuales, pero les aterran las consecuencias. Y por eso fantasean. Imaginan que son violadas. Pero no les llega a ocurrir, todas son vírgenes.
- ¡No, no! -exclamé yo - ¡Se equivoca usted, doctor! ¡No soy virgen! ¡Soy la chica más violada del mundo!
- Eso no son más que alucinaciones -dijo él - Nadie la ha violado jamás. ¿Por qué no lo admite? Si lo hiciera, enseguida se sentiría mucho mejor.
- ¿Cómo quiere que lo admita, si no es cierto? -exclamé - ¡Hasta ahora, todos los hombres con los que me he encontrado me han violado! ¡Y estoy segura de que usted va a hacer lo mismo como me quede aquí mucho rato, ya lo verá!
- No sea ridícula, Fräulein -cortó él.
-¡Me violará usted, me violará! -exclamé - ¡Se portará usted tan mal como los demás antes de que termine la sesión!
Cuando le dije esto, Oswald, el viejo buitre puso los ojos en blanco y me dirigió una sonrisa llena de arrogancia.
- Fantasías -dijo - todo eso no son más que fantasías. Permítame explicárselo un poco más. En su inconsciente, mi querida Fräulein, usted cree que el órgano masculino es una ametralladora...
- ¡Es es exactamente lo que es, por lo que a mí respecta! -exclamé - ¡Es un arma mortal!
- Exactamente -dijo él - Ahora vamos por buen camino. Seguramente también cree usted que si un hombre la apunta con su metralleta, apretará el gatillo y la rociará de balas.
- No son balas -dije- Es otra cosa.
- Y por eso huye usted. Rechaza a todos los hombres.
[...]
- ¿Le gustan las zanahorias, Fräulein? -me preguntó de repente.
- ¿Las zanahorias? -dije - Santo Dios. No especialmente. Cuando las como suelo pedir que me las corten a cuadraditos. Las prefiero troceadas.
- ¿Y qué me dice de los pepinos?
- No tienen casi sabor -respondí - Cómo más me gustan es rebanaditos en salmuera.
- ¡Ja Ja! -dijo mientras tomaba nota de todo esto en mi ficha - Quizás le interese saber, Fräulein, que la zanahoria y el pepino son símbolos sexuales. Representan el falo masculino. ¡Y por lo que se ve, usted quiere trocearlo y rebanarlo y ponerlo en salmuera!
[...] Bien, pues durante todo este rato, Oswald, yo iba vigilando el reloj. Y cuando ya habían transcurrido ocho minutos le dije : 'Por favor, doctor Freud, no me viole. Tendría usted que estar por encima de estas cosas'
- No sea ridícula, Fräulein. Ya está alucinando otra vez.
- Ya verá como acaba poniéndose usted a mil. Ya verá como la corriente saltará de mí hacia usted y le electrizará las partes. ¡Se le pondrá la verga al rojo vivo! ¡Me rasgará la ropa! ¡Me violará!
- ¡Deje inmediatamente de gritar como una histérica! -dijo secamente. Se puso en pie y se acercó al sofá en el que yo seguía tendida.
- Aquí estoy -dijo, abriendo los brazos - ¿Verdad que no le hago ningún daño? ¿Verdad que no intento aprovecharme de usted?
Y justo en ese momento, Oswald, los polvos hicieron su efecto repentinamente y la cosita se le despertó, y se le puso tan tiesa que parecía que llevara un bastón metido en los pantalones. Entonces extendí un dedo acusador hacia allí, gritando: '¡Lo ve! ¡Ya le empieza a ocurrir, viejo fauno! ¿Me cree ahora, doctor Freud?'
Hubieras tenido que ver la cara que puso, de verdad. Pero tengo que admitir que no saltó inmediatamente sobre mí. Estuvo aguantando al menos un minuto entero, mientras trataba de averiguar qué le estaba ocurriendo. Bajó la vista hacia sus pantalones. Luego levantó los ojos hacia mí. Y se puso a murmurar : '¡Es increíble...! ¡Asombroso...! ¡No puedo creerlo! Tengo que tomar notas... Tengo que registrar cada uno de los momentos. ¿Donde tengo la pluma, Dios mío? ¿Dónde está el papel? ¡Al infierno el papel! ¡Quítese la ropa, Fräulein, por favor! ¡Ya no puedo esperar un segundo más!'
- Seguro que sufrió una tremenda conmoción -dije.
-Se quedó helado -admitió Yasmin - Aquello echaba por tierra una de sus teorías más famosas [...] En realidad actuó como un caballero. En cuanto tuvo la primera explosión, y a pesar de que los polvos seguían azuzándole con gran intensidad, se alejó de un salto, corrió a su escritorio en pelota viva y se puso a tomar notas. Debe tener una tremenda fuerza de voluntad. Y una gran curiosidad intelectual.
- ¿Me cree ahora, doctor Freud? -le pregunté.
- ¡Tengo que creerla! Tengo que verla otro día, Fräulein.
- No. Sé que saltará usted sobre mí. Será incapaz de controlarse.
- Ya lo sé -dijo sonriendo por vez primera - Ya lo sé, Fräulein, ya lo sé [...]"

S-U-B-L-I-M-E
El texto habla por sí sólo. Si alguien quiere el libro, se lo presto.

martes, 13 de noviembre de 2007

Grupazos: Thee Michelle Gun Elephant

Alabados sean. Caigo en la tentación de hablaros de uno de mis grupos favoritos del país del Sol Naciente.


Thee Michelle Gun Elephant (a menudo abreviado TMGE) era una famosa e influyente banda de punk japonesa. Sus componentes son:

ChibaYusuke (10/07/1968) voz
Abe Futoshi (16/12/1966) guitarras
Ueno Koji (27/03/1968) bajo
Kuhara Kazuyuki (03/04/1969) batería

Su música se caracteriza por la ruidosa guitarra de Abe Futoshi y la grave y melodiosa voz de Chiba Yusuke.

Alcanzaron el número 77 en una lista de los 100 mejores músicos en Japón, provista por HMV.
La banda fue formada en 1991, cuando sus miembros eran estudiantes en la Universidad Meiji Gakuin de Tokyo. Su inusual nombre viene por una combinación de respeto por la banda The Headcoats, y por una pronunciación equivocada del album de The Damned, "Machine Gun Etiquette".

Su primer trabajo, Wonder Style, fue lanzado en 1995, y producido en Londres por Chris Brown, quien anteriormente había creado albums y temas para Radiohead y Pink Floyd. The Brian Jonestown Massacre se fijó en la banda más adelante, durante una gira en los Angeles. Quedaron tan impresionados que hablaron de ellos al dueño de Alive Records, Patrick Boissel, quien los buscó e inscribió en su firma. Esto les condujo al lanzamiento en América de Gear Blues, en 2000.

La banda anunció su ruptura el 11 de Octubre de 2003, tras su tour Last Heaven por Japan. Sobre 2004, el vocalista Chiba Yusuke y el bajista de Blankey Jet City, Terai Toshiyuki, formaron ROSSO.

Discography
Albums
-Maximum! Maximum!! Maximum!!! (1993) Self-released
-Cult Grass Stars (1996) Triad
-High Time (1996) Triad
-Chicken Zombies (1997) Triad
-Gear Blues (1998) Triad
-Casanova Snake (2000) Triad
-Rodeo Tandem Beat Specter (2001) Triad
-Sabrina Heaven (2003) Island
-Sabrina No Heaven (2003) Island

Live albums
-Casanova Said "Live or Die" (2000) Triad
-Last Heaven's Bootleg (2003) Island

Singles
-Sekaino-Owari (1996) Triad
-Candy House (1996) Triad
-Lily (1996) Triad
-Culture (1997) Triad
-Get Up Lucy (1997) Triad
-The Birdmen (1997) Triad
-G.W.D (1998) Triad
-Out Blues (1998) Triad
-Smokin' Billy (1998) Triad
-GT400 (2000) Triad
-Baby Stardust (2000) Triad
-Abakareta-Sekai (2001) Triad
-Taiyou wo Tsukande Shimatta (2002) Island
-Girl Friend (2003) Trippin' Elephant
-Electric Circus (2003) Island

B-sides compilations
-Rumble (1999) Triad

Best of compilations
-TMGE 106 (2000) Triad
Collection (2001) Alive Records (US release)
-Grateful Triad Years (2002) Triad

Other releases
-Wonder Style (1995) Trippin' Elephant
-Wonder Style (reissue) (1997) Triad
-Vibe On! (1998) Trippin' Elephant
-Kwacker (with Mick Green) (2001) Trippin' Elephant

Aah... (suspira) que pena, lo de la ruptura. Pero bueno, han dejado una buena cantidad de temazos, así que les perdono. Mis canciones favoritas: Get Up Lucy, Candy House y Jenny, aunque todas son geniales. Os pongo un vídeo esta noche, no sé todavía cuál pondré.



lunes, 12 de noviembre de 2007

¿Qué le han hecho a la lluvia?

Bueno, me llega el turno de ponerme un poco eco-sentimental. El sábado pasado mi senpai (mentada anteriormente) me mostró una obrita de arte modesta, una película llamada "Dogfight". Nada que yo diga podrá equiparar lo que ya dijo ella, así que os pongo el enlace al post que escribió sobre el tema http://finduriel.blogspot.com/2007/09/dogfight.html

Bueno, la película, según mi opinión, es preciosa, y aún lo son más las canciones de su banda sonora. De hecho, este post no es para hablar sobre el film, sino para homenajear la canción de Malvina Reynolds "What have they done to the rain?", una joyita del folk (y, en general, una joyita de canción para los no iniciados en la música tradicional norteamericana -véase: yo misma-).









Just a little rain falling all around,
sólo un poco de lluvia, cayendo por doquier
The grass lifts its head to the heavenly sound,
la hierba alza su cabeza hacia el sonido celestial
Just a little rain, just a little rain,
sólo un poco de lluvia, sólo un poco de lluvia
What have they done to the rain?
¿Qué le han hecho a la lluvia?
Just a little boy standing in the rain,
sólo un niño de pie bajo la lluvia
The gentle rain that falls for years.
la amable lluvia que ha caído durante años
And the grass is gone,
y la hierba se ha ido
The boy disappears,
el niño desaparece
And rain keeps falling like helpless tears,
y la lluvia continúa cayendo como lágrimas indefensas
And what have they done to the rain?
¿y que le han hecho a la lluvia?
Just a little breeze out of the sky,
solo una pequeña brisa por el cielo
The leaves pat their hands as the breeze blows by,
las hojas aplauden mientras la brisa sopla entre ellas
Just a little breeze with some smoke in its eye,
sólo una pequeña brisa con algo de humo en su ojo
What have they done to the rain?
¿qué le han hecho a la lluvia?
Just a little boy standing in the rain,
sólo un niño de pie bajo la lluvia
The gentle rain that falls for years
la amable lluvia que ha caído durante años
And the grass is gone,
y la hierba se ha ido
The boy disappears,
el niño desaparece
And rain keeps falling like helpless tears,
y la lluvia continúa cayendo, como lágrimas indefensas
And what have they done to the rain?
¿y qué le han hecho a la lluvia?


Bueno, de nudito en la garganta, ¿eh? En principio la canción habla sobre la lluvia ácida, pero he encontrado una información en la red muy interesante. Al parecer fue originalmente escrita como parte de una campaña para detener experimentos nucleares consistentes en poner strontium-90 en el aire, donde era "lavado" por la lluvia y llegaba a la hierba, la cual era comida por las vacas. Cuando los niños bebían la leche, el strontium-90, químicamente similar al calcio, pero radiactivo, se depositava en sus huesos. Las madres guardaron los dientes de leche de sus hijos y los enviaron para ser testados por científicos, quienes, efectivamente, encontraron niveles elevados de strontium-90 en sus dientes. Un año después de que se escribiera esta canción, el presidente Kennedy firmó el tratado contra las pruebas nucleares sobre la superficie de la tierra.

El que sea una canción sobre este tema me ha impulsado a dedicársela a dos personas: a Marta Kozlov (hvala, por todo lo que me río contigo) y a Rocío (la Ro, Ro-chan o 3R), nuestra bióloga particular.
Bueno, pedazo de vídeo que he encontrado en el Tubo : la canción original, con trozos de pelis de River Phoenix (muchas de las imágenes son de "Dogfight"(en las que sale él con corte de pelo a lo marine y estética cincuentera). Enjoy, poor mortals, enjoy!!

jueves, 8 de noviembre de 2007

El pánico del sexo

El otro día se me escapaba una sonrisa sardónica al escuchar a una mujer (X, de unos cincuenta años) decir que hoy en día el sexo femenino era quien tenía la sartén por el mango. Su discurso se puede reducir a : "basta que chasqueemos los dedos para que los inútiles de los hombres estén a nuestros pies".

Esta, aparte de ser una opinión bastante nociva para los propósitos de igualdad entre hombres y mujeres (porque es representativa de un cúmulo de féminas que piensan que la equitatividad es igual a humillación para ellos y superioridad para nosotras), es totalmente falsa.
Pese a que hemos dado un gran paso en pro a la igualdad, todavía hay algo que nos diferencia, algo que hace que no nos sintamos cómodas del todo. El miedo.
La mujer hoy sigue viviendo con el mismo miedo con que vivía hace dos mil años. "¿Miedo de qué?", preguntaréis algunos. Pues de los hombres.
Sí, sí, os permito las sonrisas incrédulas de momento, porque falta mi explicación.
¿Qué mujer no ha sido víctima de las siguientes agresiones? :
- Acoso verbal.
- Acoso físico.
- Humillación a causa de su sexo.
Pocas. Os pregunto a vosotras, chicas: ¿a quién no le han tocado el culo a traición en el metro? ¿Quién no ha tenido que aguantar al listo de turno refrotándose en una discoteca? ¿A quién no le han dicho alguna obscenidad disfrazada pobremente de piropo? Seguro que alguna de vosotras ha tenido algún episodio desagradable y táctil con algún hombre, y seguro que cuando le ha ido a frenar, ha tenido que escuchar, como mínimo, que era una borde, o una frígida, o una calientapollas.

Por no mencionar los casos de violación. El hecho es que los hombres siguen teniendo una manera de hacernos daño que nosotras no podermos equiparar, y que les ha sido dada en el origen de la humanidad. Perdón, eso no es del todo cierto. Los hombres han convertido algo en principio natural y placentero en un castigo. Han deformado el primer propósito de su anatomía, hasta corromperlo y darle un matiz de peligro que no debería tener.

Que conste que estoy generalizando. Por supuesto que no todos los hombres van amenazando con sus miembros a las mujeres del mundo. Igual que hay hombres buenos, hay mujeres malas (no tendría que estar dando esta explicación, porque a mí me parece algo de sentido común, pero bueno). Y la inmensa mayoria de nosotras no se rendiría sin pelear si se viese en una de estas situaciones, no pretendo insinuar con mis divagaciones que estamos indefensas ante el peligro masculino.

Ya sé que los hombres también sufren agresiones, humillaciones y violaciones. Pero no quiero réplicas de esa índole. En este post me he limitado a hablar de una faceta de la crueldad del ser humano (una de muchas, desafortunadamente), no a hacer una competición para demostrar quién es más malo.

En fin, dicho esto, me despido. Reclamaciones, comentarios y demás, donde siempre.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Canciones que me marcaron 2

Bueno, siguiente entrada sobre este tema tan apasionante (nótese el sarcasmo).
Esta vez voy a citar la canción "White Rabbit", de Jefferson Airplane (de cuando eran Airplane, que en los 80 se transformaron en Jefferson Starship, y nunca fueron lo mismo).
Iba a poner un texto de la Wikipedia, pero no había por donde coger lo y me estaban dando arcadas, así que os resumo los datos importantes.
El tema es original de Grace Slick, de antes de que se uniera al grupo, y sale en el disco "Surrealistic Pillow", de 1967. La canción mezcla la psicodelía de los 60/70 con la imaginería de los libros infantiles de Lewis Carrol "Alicia en el País de las Maravillas" y "Alicia a través del Espejo" (Alice in Wonderland y Through the Looking Glass, respectivamente), como ya se ve en las referencias a las pastillas y las setas, y al ambiente onírico que destila.
¿Por qué me marcó? Bueno, esta fue una de las primeras canciones que me mostró mi senpai, la maravillosa Hatsune (Mónica, la Segoviana, o Finduriel para otros), y, aunque al principio ya me pareció buena, fue al leer la letra cuando flipé en technicolour : esa mezcla de flipada de ácido y cuento infantil, esa voz PODEROSA de Grace Slick, ese ritmillo repetitivo orientaloide. Lo tiene todo para dejarme con la boca abierta.
Es un temazo, me gusta tanto que hasta me voy a molestar en traducirla para vosotros, pobres mortales.

One pill makes you larger Una píldora te hace más grande
And one pill makes you small y otra píldora te hace pequeña
And the ones that mother gives you y aquellas que te da tu madre
Don't do anything at all no hacen nada en absoluto
Go ask Alice Pregúntale a Alicia
When she's ten feet tall cuando sea de diez pies de altura
And if you go chasing rabbits Y si vas persiguiendo conejos
And you know you're going to fall y sabes que vas a caer
Tell 'em a hookah smoking caterpillar diles que una oruga que fumaba en shisha
Has given you the call te ha dado el aviso
Recall Alice Recuerda a Alicia
When she was just small cuando sólo era pequeña
When men on the chessboard Cuando los hombres al tablero de ajedrez
Get up and tell you where to go se levantan y te dicen dónde has de ir
And you've just had some kind of mushroom y acabas de comer algún tipo de seta
And your mind is moving low y tu mente se está moviendo con lentitud
Go ask Alice pregúntale a Alicia
I think she'll know creo que ella sabrá
When logic and proportion Cuando la lógica y la proporción
Have fallen sloppy dead hayan caído, descuidadamente muertas
And the White Knight is talking backwards y el Caballero Blanco esté hablando al revés
And the Red Queen's "off with her head!" y la Reina Roja diga "¡Que le corten la cabeza!"
Remember what the dormouse said: recuerda lo que dijo el Ratón*
"FEED YOUR HEAD" "ALIMENTA TU CABEZA"
"FEED YOUR HEAD" "ALIMENTA TU CABEZA"




No me atrevo a poner imágenes a este post, porque me descuadran el texto, y si supieráis lo que he tenido que penar para poner la doble columna de la canción con la traducción en esta mierda de ordenador que tengo en el trabajo...
(Notas de traducción:
* Realmente no es un ratón de lo que habla Lewis Carrol. El término que usa es "dormouse". Con el libro original de Alicia en la mano, me dispongo a daros una definición.
"El Dormouse británico es un roedor arborícola que se parece más a una ardilla pequeña que a un ratón. Su nombre viene del latín "dormire", dormir, y viene dado por los hábitos de hibernación del animal".
De ahí que el bichito que sale en la historia de Alicia esté siempre medio dormido. )

viernes, 2 de noviembre de 2007

Otoño

Está lloviendo oro. Monedas extrañas, de bordes difusos que caen girando en el aire. El viento frío las mueve, así que deben pesar poco. No deben ser muy valiosas, a pesar de su belleza.

Cojo una entre mis manos y la miro atentamente. Está fría y algo húmeda, pero cuando la cojo con más fuerza se resquebraja. Es extraño que no huela a metal. Más bien tiene el aroma de la tierra y de la lluvia, de las castañas asadas y los días más cortos.


¿Podré comprar algo con esta moneda rota? ¿Por qué me la cambiarían? Aunque, como está partida, quizá haya perdido el poco valor que tenía.

Miro al cielo, gris marengo, y sonrío porque las monedas amarillas hacen un contraste muy hermoso. Parece que mis ojos se han llenado de motas, como cuando te levantas deprisa los días de mucho calor. Sigo viéndolas a pesar de tener los párpados cerrados. Chiribitas doradas.

De una casa cercana suena una canción de Edit Piaf, y la sonrisa me trepa al rostro de nuevo, porque queda maravillosamente bien todo junto: el frío, el cielo oscuro, el confetti dorado y la voz temblorosa de la cantante.

Me sumerjo en mi bufanda roja y muevo los dedos de la mano izquierda dentro del bolsillo. Espero a que la canción termine, pero ésta es estrangulada por un estruendo desagradable porveniente de un coche. Le dirijo una mirada indignada, ceño fruncido incluído, y decido marcharme antes de que mi idílica visión se desvanezca.

Demasiado tarde. El espejismo se rompe y tiro disgustada la hoja seca que sostenía en la palma de mi mano.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Canciones que me marcaron 1

Como no se me ocurría nada mejor con lo que llenar una entrada, voy a poner una canción que me haya marcado. Empecemos por una de mi tierna infancia, "Everything I Do" de Brian Adams (no pongáis ese jeto, que os he dicho que era de mi infancia. Con la juventud se cometen errores, ¿vale?

Look into my eyes
you will see
What you mean to me
Search your heart
search your soul
And when you find me there you'll search no more
Don't tell me it's not worth tryin' for
You can't tell me it's not worth dyin' for
You know it's true
Everything I do
I do it for you
Look into your heart
you will find
There's nothin' there to hide
Take me as I am
take my life
I would give it all
I would sacrifice
Don't tell me it's not worth fightin' for
I can't help it
there's nothin' I want more
Ya know it's true
Everything I do
I do it for you
There's no love
like your love
And no other
could give more love
There's nowhere
unless you're there
All the time
all the way
Oh - you can't tell me it's not worth tryin' for
I can't help it - there's nothin' I want more
I would fight for you
I'd lie for you
Walk the wire for you
ya I'd die for you
Ya know it's true
Everything I do
I do it for you

¿Por qué me marcó esta canción? Pues, en primer lugar, porque es de la banda sonora de la película "Robin Hood", obra que tuve que tragarme en mi niñez unas doscientas veces, porque mi tía era fan de Kevin Costner. No es que la peli sea mala (de hecho, se ha convertido en una de mis imprescindibles por la aparición estelar de Alan Rickman -a Costner que le den-) pero me la hizo ver demasiadas veces, y lo único que ofrecía consuelo a mi pobre cerebro saturado era la música de los créditos.
También influye el que mi padre me la cantara a menudo cuando era pequeña (imagináos a mi padre, que es Cortado-Man, cantando a Brian Adams xD) Así que, siendo pastelosa o no, es un tema que se ha ganado un hueco en mi lista de reproducción habitual.
La traducción la tenéis en cuatrocientas páginas, así que os buscáis la vida. Además, así practicáis inglés, que la canción no es tan difícil.

lunes, 29 de octubre de 2007

Nihon no Otoko: BANZAI!!

Bueno, dejando salir a mi faceta más... desatada y nippon-friki, os ofrezco un reportaje de Narimiya Hiroki, actor y modelo japonés por el que bebo los vientos últimamente.

Nombre: Narimiya Hiroki.

Fecha de nacimiento: 14 de septiembre de 1982.

Grupo sanguíneo : A

Mide: 1'72 m

Habilidades: aparte de las obvias, nadar.

Nacido y criado en Tokyo, Japón. Sus padres eran inmigrantes de Okinawa, y se divorciaron cuando él era joven. En su tercer año de bachillerato elemental murió su madre , y él y su hermano fueron criados por su abuela. Había hecho a su madre la promesa de tomarse en serio el tema de actuar, y pronto dejó el instituto para dedicarse a su carrera.

Carrera
Debutó en 2000 en la obra de teatro "Horobikaketa Jinrui, sono ai no honshitsu to wa?" ("La desaparición del género humano, ¿cuál es la esencia de su amor?") Hiroki fue elegido para el papel de Kane de entre los 3000 actores que se presentaron a la prueba.
En Febrero de 2001 hizo su debut en el cine en "Oboreru Sakana", una producción de Toei. En 2002 apareció como Noda en el dorama de televisión "Gokusen". Con su realista interpretación del papel, Hiroki ganó popularidad y la aclamación del público. El mismo año, fue el protagonista de "Okan wa Uchu wo Shihaisuru", un especial de televisión en la cadena Fuji.
En 2003 hizo su primera película de época, "Azumi", que se convirtió en un éxito de taquilla, y permitió a Hiroki desarrollar su habilidad, fruto del entrenamiento diario, con la espada (quien no me diga que esto impresionante, se merece un harakiri).
En 2004, Hiroki volvió a los escenarios con la obra de Shakespeare "As you like it" (muy mona, con un vestido que le sentaba estupendamente).

También tuvo un papel importante en el dorama de la TBS "Orange days". Al año siguiente participó en otra serie de la TBS, "Ima, Ai ni Yukimasu", y trabajó en cuatro películas, entre ellas, NANA, en el papel de Nobu.
Mientras trabajaba en su carrera de actor, Hiroki ha demostrado ser un líder de la moda. Diseñó una línea de ropa para "elegant-gothic lolitas-aristocrat" (toma categoría), y en otoño de 2003 apareció como modelo para su colección de Tokyo. Su corte de pelo patentado ("the Narimiya Cut") ha causado sensación entre los adolescentes japoneses. Hiroki ha aparecido también en numerosas portadas de moda y revistas varias, y en 2005 recibió el Crystallized Style Award (presentado por Swarovski).
Hiroki ha recibido muchas ofertas para desfilar internacionalmente para grandes firmas, lo cual encaja en sus planes de ejercer su carrera fuera de Japón, como modelo y actor.

Filmografía:


Dorama
Koumei ga Tsuji (2006)
Onna no Ichidaiki (2005)
Ai no Uta (2005)
Ima, Ai ni Yukimasu (2005)
M no Higeki(2005)
Orange Days(2004)
Stand UP!! (2003)
Kou Kou Kyoushi 2003
Gokusen (2003)
Kisarazu Cat's Eye (2003)
Sarariman Kintaro 3
Toshiie to Matsu (2002)

Stage
Kitchen (2005)
Madame Melville (2004)
As You Like It (2004)
浪人街 (2004)
Nightfall (2003)
Curiosidades:
- A pesar de que en su filmografía priman los papeles cómicos, es bastante serio, especialmente cuando está trabajando.

- Comparte apartamento con su hemano.

- Le encanta el Spam para desayunar (el Spam es el jamón cocido de lata. Para desayunar se suele preparar a la plancha).
- Es conocido por su habilidad para las escenas de gritos desgarrados y emotivos.

- Ha sido nombrado nuevo "Goodwill Ambassador to New Caledonia". Traducir vosotros eso, porque yo no me atrevo a hacerlo y meter la pata ^_^0

En fin, ¿quién puede resistirse a esa sonrisa de niño pequeño? ¿A esas poses de womanizer cuando sale en las revistas de moda? ¿A ese estilazo neo siniestro vintage que tan bien le queda? Contéstenme, hombres y mujeres, aunque ya lo hago yo por ustedes: ¡nadie puede resistirse!

HIROKI RUUUULZ!!

domingo, 28 de octubre de 2007

Headache

Últimamente tengo problemas con los dolores de cabeza. Al principio sólo era una migraña al año, o así. Pero he tenido las tres últimas en un espacio de cuatro meses. ¿Será el estrés? ¿Las horas frente al ordenador? ¿La falta de sueño? Probablemente todo tenga un poco que ver.

Pero, sea lo que sea, es una patada en el culo. Ayer tuve que ir al Hospital (en gran parte por el alarmismo de mi madre) a que me inyectaran un calmante, como si fuera un rinoceronte que se hubiera escapado del zoo. Hasta me desilusioné cuando me lo pusieron con una hipodérmica en vez de con una cerbatana...

Diosss, pensaba que se me iba a abrir la cabeza y que iba a salir Atenea, bramando, como en la mitología griega. Además, últimamente no sólo es el dolor y las náuseas, sino también una sensación de impotencia, de estar sola en el mundo. Yo y mi dolor de cabeza. Nadie más alrededor.

Mi abuela solía tenerlas también. La verdad, me imagino a alquien tan frágil como mi abuela pasando por ésto y me da vértigo. ¿Cómo va a a soportarlo alguien que tiene la consistencia ósea de un jilguero?
Algo de lo que me he dado cuenta, es de que te falla tu parte racional del cerebro. Recuerdo que a veces he pensado que el dolor no iba a terminar nunca. Pues claro que para. Tarda, pero no puede durar eternamente. Que estúpida.

Aunque, por un lado, si que cuentas con un sentido común fatalista: sabes que, hagas lo que hagas, sólo se detendrá cuando ella quiera. Nada de medicamentos (salen igual que entran) ni de llamadas al Hospital (entonces eres tú el que sale igual que entró).

Como mucho puedes confiar en que, si poco a poco vacias tu organismo (ya sabéis todos a qué me refiero), volverás a ser la de siempre. Y, después de más o menos media hora con las manos apoyadas en el retrete, recobras la compostura, temblorosa y con la garganta hecha polvo. Por no mencionar que, al día siguiente, tendrás agujetas y te seguirá doliendo un poco la frente, allí donde el dolor se te clavaba con pinchazos "juguetones".

En fin, este ha sido mi pequeño tributo a mi migraña, una compañera no muy grata, pero cada vez más incondicional... (ya sé que este no es el post más agradable que he escrito, pero estaba de humor para hacerlo)

viernes, 26 de octubre de 2007

Al Rock&Roll: los que van a morir te saludan

Papá estaba frente a la tele soltando improperios. Una banda de rock actuaba en el show de Ed Sullivan. Papá lanzaba espumarajos como si fuera un perro. Nunca le había visto perder los estribos de esa manera. El grupo era la bomba. Me sentí atrapada por un campo de candentes píxeles. El guitarrista tenía acné. El rubio que se arrodillaba tenía ojeras; el otro el pelo grasiento. Al otro no parecía importarle nada. Y el cantante se despellejaba en directo, mostrándonos todo su interior. Yo veía a través de sus pantalones como si tuviese rayos X. Un buen trozo de carne dura. Cinco chicos blancos de lo más sexy.
(...) mis bragas estaban mojadas y los Rolling Stones redimieron al hombre blanco para siempre. No es de extrañar que el Dios cristiano prohibiese ese tipo de imágenes.

(Patti Smith, 'La ascensión de los monstruos sagrados')





Primero vienen los primeros pasos, vacilantes, pero constantes, como el latir de un corazón recién nacido. Esperas, expectante, y entonces viene la explosión. La batería de azota los tímpanos, y en el fondo sabes (ya lo creo que lo sabes) que lo bueno no ha hecho más que empezar.

La guitarra dá su primer alarido. Y la batería no ha dejado de sonar. El vello del hemisferio izquierdo de tu cabeza está de punta, y vibras como nunca lo has hecho. ¿Por qué? ¿Qué puede explicar este subidón de adrenalina, de endorfinas, de química que antes desconocías?

La electricidad. La jodida electricidad.

Intentas mantenerte frío, hacer como que no es algo tan importante. Sólo es música. Música enlatada. Pero no lo es. No puedes evitar que te atraviese, como si fueras un condenado a muerte. Espasmos y latigazos sonoros que aceptas con placer masoquista.

Más, piensas, erráticamente, con los ojos en blanco, la boca entreabierta. Dame más o no podré soportarlo. Inúndame con tu ritmo o mátame de una vez.

¿Es tu corazón eso que suena? En realidad te importa poco, porque todo tu cuerpo palpita con los golpes de batería, con el ronroneo del bajo. Te sudan las manos, quieres moverte, pero si te dejas llevar por esa fuerza, no serás capaz de atender bien a ella. Necesitas tener el cerebro concentrado en tus oídos, en registrar cada subida y bajada.

Oh, Dios mío, y ese punteo. Si lo de antes te afectaba, esto te está perforando, y nada te protege.

Estás a la merced del Rock. O te lleva al éxtasis o te destruye. Aunque quizá dé lo mismo una cosa que otra. Tal vez sean iguales. La verdad es que te importa una puta mierda.


Nadie necesita respuestas cuando se tiene esto entre manos.

Cuando el grajo vuela bajo



5 grados. Eso era lo que se veía esta mañana en todas las marquesinas de Madrid (bueno, en todas no, sólo en las más modernas). Antes de ir a trabajar, como si de un ritual se tratara, he sacado mi chaqueta verde del armario del recibidor. Oficialmente, ha comenzado el invierno.
No lo digo con mal ánimo, que conste. A mí me encanta el frío. El estar en casa, arropadilla hasta las cejas, los pijamas de manga y pernera larga, las pantuflas... ¡Todo tiene tanto encanto! (ojillos brillantes)
Me gustan sobretodo los días antes de cambiar la hora, cuando sales por la mañana y sigue siendo de noche. Hoy se veía la luna llena con toda claridad, entre las ramas de los árboles, aprovechando el tiempo extra. "-Pues pronto se te va a cortar el rollo, guapa", he pensado. ¿A qué viene esa manía de adelantar o atrasar el reloj? Eso lo tienen que hacer en países en los que en invierno anochece a las tres de la tarde. Estamos en España, señores, no nos vamos a morir por echar en falta el sol por la mañana.

A lo mejor me gusta esta época del año porque nos va acercando a la Navidad (y entonces es cuando me pongo irritantemente contenta, y las endorfinas se me ponen a cantar Jingle Bells). Es un topicazo, pero yo soy así ,,-_-,, También es una hipocresía, pero me siento mejor persona en Navidad, y eso debería ser todo el año. Nos dejamos llevar por la comercialidad y el consumismo de las fechas, por lo que nos venden en los anuncios de turrón y del Corte Inglés. Yo la primera.

Sin embargo, ni siquiera el saber todo esto enturbia mi ánimo. Nada puede molestarme en medio de este aire gélido. Borra mis preocupaciones, aunque me deje la nariz como un carámbano.

En fin, sólo me queda alzar mi taza de té en vuestro honor. ¡¡Feliz pelona a todos!!


jueves, 25 de octubre de 2007

¿¡Pero qué...!?

Hay experiencias que te marcan en la vida. Por ejemplo, siento un terror patológico a las aves porque de pequeña entré con cangrejeras en un corral de mi pueblo, y las gallinas me picotearon los pies. Escalofriante.
Pues una de esas experiencias devastadoras me aconteció en la facultad de Filología de la universidad Complutense de Madrid, donde estudio.
Tenía que ir a una clase al edificio de al lado, que corresponde a la facultad de Historia (aunque por esa zona somos todos primos hermanos, los de Filología, Historia, Geografía, Filosofía y Estadística).
Total, que tomé un camino un poco más agreste, que te lleva por un caminito de tierra, por donde los gatos y las urracas se mueven libremente, hasta llegar a unas escaleras que se han estrenado este mismo año, que te llevan hasta el edificio B (al cual yo me dirigía). Caminaba alegremente, sin ninguna preocupación, cuando pisé algo de textura dudosa. ¿Qué sería?
Miré (ignorante de mí, si hubiera seguido andando, lo que me habría ahorrado) y vi, nada más y nada menos, que un condón usado. Un condón. Un profiláctico. Una goma, un chubasquero, un jodido preservativo.
Creo que un gritito histérico salió de mi garganta. Lo peor no fue haber pisado uno (que, al fin y al cabo, no es para tanto) sino que empecé a fijarme, y ví unos siete u ocho condones más, repartidos por todo el suelo.
Esquivándolos, arriesgando el cuello, llegué a las escaleras, donde me sentí a salvo.
Y ahora yo me pregunto, ¿pero quien cojones folla en la facultad? Más que eso, ¿qué coño tiene en la cabeza una persona para ponerse a ello en ese rincón de la universidad, en mitad del campo, como quien dice?
Después de esta trágica vivencia, me he propuesto una misión investigadora: fijarme a ver si alguien va por los pasillos con la espalda y la culera llenas de agujas de pino, tierra, plumas de urraca y pelos de gato. Y cuando lo encuentre...